Fa 67 anys que
el P. Rotger, msscc, va escriure aquestes pàgines sobre la pau i l’assossec de LLuc.
Les circumstàncies han canviat, tanmateix, en molts moments del dia, sobre tot
a l’hivern i l’horabaixa, la calma segueix regnant en aquests paratges
lluquers.
La literatura
de l’època no es la d’avui. Els gusts canvien. Com ha canviat la grafia
del topònim Lluc. Però el conjunt irradia una atmosfera que no fa cap mal de reviure.
A l’època,
l’any 1949, no es podia ni pensar escriure en mallorquí. La censura franquista
atropellava qualsevol intent de fer-ho. Temps infausts.
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La Font Coberta, lloc emblemàtic en el conjunt de Lluc |
Escribimos en Lluch, por gracia, que consideramos extraordinaria, de la Moreneta. Deliciosamente sentados sobre
una piedra no muy lisa en el “Camino de los misterios”, asomado al “Clot
d’Aubarca” con el “Puig Roig” por respaldar soberbio y fortísimo. Escribimos en
las primeras horas de la mañana, mientras la brisa fresquísima y juguetona pasa
acariciando el rostro, y llegándonos al corazón.
Escribimos en Lluch y podemos
asegurar que Lluch es un remanso de paz, un oasis de tranquilidad y sosiego en
ese mundo agitado y en esforzada ebullición. Aquí la paz reina, como una luz
muy suave que se cuela callandita (calladita?) por las rendijas del alma, y las
conquista fácilmente y no le cuesta gran cosa trocarlas a todas en humildes y
fieles vasallos.
A los primeros contactos, al
resplandor de los luceros o al dulce y reposado son de las fontanas, nos
acercamos al palacio de ese reino de paz para pedir el derecho de ciudadanía.
Ya que no sabemos decirlo como él lo dijo, nos hacemos nuestras sus palabras.
Despiértenme
las aves
con su
cantar sabroso no aprendido;
no los
cuidados graves
de que es
siempre seguido
el que al
ajeno arbitrio está atenido.
Aquí estamos al servicio de la
Reina de Mallorca, y Ella, cariñosa y maternal nos depara esos días de descanso
y solaz muy apetecido, cabe su trono de rocas a la sombra de su castillo
enriscado.
Y conste que pocos acontecimientos
logran enturbiar el encanto de esos parajes y alterar la quietud de esos
bosques. Si llega un coche, haciendo resonar la bocina, pronto se decide a
callar como contagiado de la quietud grávida de este valle. Tal vez es una
peregrinación que irrumpe con avalancha de cánticos y de risas; pero ni tan
siquiera la muchedumbre logra turbar la placidez que aquí se respira. Hemos
tenido ocasión de verlo estos mismos días, para poder decirlo por experiencia
propia.
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Escolania del Blauets l'any 1936 |
La misma algarabía que levantan
suena a nuestros oídos como el balar de los corderos, o el murmurar de las
fontanas… Y los hemos visto derramarse por los alrededores del Santuario,
buscando la caricia de una sombra y el refugio de una fuente, para despachar
las bien surtidas cestas y mochilas en la unión de los corazones y de las
almas, con un apetito que es otra gracia de la Virgen Morena.
Parecían las estrofas de una poesía
bucólica, hechas realidad.
Unos
niños de Escorca
Porque aquí la calma y el sosiego
es generoso y dadivoso hasta el derroche. Las fontanas bulliciosas que prodigan
el agua sin cesar, que la sueltan retozona y despeinada por un cauce formado en
áridas piedras, son un símbolo. Símbolo que ya entendió Cuadrado: “Ama els
penyals –d’hont brolla l’aigua viva- que son de gràcies manatial”. Ya que sin
duda quiso la Providencia escoger estos benditos parajes de Lluch para trono de
la Reina Morena de Mallorca, para que todo fuera invitación a la piedad y a la
plegaria.
El peregrino acude a la fuente
cristalina de Lluch para apagar la sed, pero también para lavarse las manos, para
humedecerse los labios y aún para refrescarse las sudorosas sienes después del
largo caminar. Y lo comporta la
fuentecilla con dulce caricia de frescor, y un suave besuqueo de cariño. Pues
que no es solamente la gracia extraordinaria y el perdón de las grandes ofensas
lo que María otorga a sus hijos, si que igualmente el consuelo de las penas
íntimas y el alivio de las pequeñas contrariedades que a fuerza de su
repetición nos causan trastorno. Es la madre
que atiende y cuida, pero vela también por nuestro sueño y nos mima dulcemente.
Y el que vive en Lluch debe
contagiarse de esa misma prodigalidad y benevolencia de su Soberana. Por eso
nos encanta el gesto de esas buenas gentes que rodean su heredad al responder
tan magníficamente a la invitación del Prelado a favor de los necesitados con
motivo del Congreso Mariano que acaba de transcurrir. Escorca es tal vez la
parroquia más pequeña de Mallorca, pero fue grande su generosidad. Sin duda que
muy pocas pudieron alcanzarla, ninguna superarla. Mas la ofrenda no perdió ni
podía perder el carácter eminentemente lucano.
Corderitos cogidos al vuelo
mientras triscaban por los montes, aceite puro, transparente, elaborado en sus
molinos, carbón que se formó a la sombra tupida de los encinares. Con qué garbo
efectuaron la ofrenda los niños para ello designados; aquel levantando sobre la
frente, en lo alto, con empaque campesino, la espuerta del carbón; aquella,
morenita como la Virgen del Camarín, ladeando ligeramente el talle, para
descansar en la cadera el ánfora del aceite, y la otra, rubita y ahilada, que
también hay alguna niña rubia en Lluch,
estrechando sobre el pecho, un pequeño corderito.
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La neu incrementa la sensació de calma en el lloc |
Y el
rosario no se interrumpe
Unos días que pasamos en Lluch con
frecuentes visitas a la Moreneta, celebrando a diario en su altar, cabe su
trono. Y podemos asegurar que el desfile de peregrinos es constante, sin
interrupciones. Sabemos que siempre ha sido así; pero también aseguramos que
ahora más que antes, y más que nunca. La vuelta de la Virgen de Lluch por todos
los pueblos de Mallorca ha despertado nuevos entusiasmos y ha enfervorizado
incluso corazones que ya parecían enfriarse en la fe. Y han subido a Lluch, y
siguen subiendo, uno a uno, que es como quien dice gota a gota, o en grupos o
en tropel, como si dijéramos en aluvión. Incluso de los pueblos más alejados
del Santuario, y que disponen de pocos medios de locomoción, y que tal vez por
ello nunca visitaron al Santuario y hogaño sí. Nos ha conmovido su razón: que
la Virgen dejó entre nosotros una huella profunda de añoranza y ya no podíamos
estar sin venir a verla… Por eso, en postrándose
de rodillas a su presencia no tenían sino una palabra dicha con voz baja: mumareta. Y bastaba… Eran los hijos en
añoranza de la Madre que vienen a verla y se van con ganas de volver.
¡Si pudiera quedarme unos días más!
No se interrumpe el rosario de los
romeros que escalan los montes altísimos de Lluch para venerar a su Madre. Y
tampoco se interrumpe el caudal de gracias que del corazón de tal Madre brota
sobre Mallorca.
¡Benditos los pueblos que tienen su
Madre!
L. Rotger, msscc
(Revista Lluch. Juliol de 1949. Núm. 346, pàg.145-147)